Body shaming

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Ilustración de Fabs Nocera

El body shaming es literal la vergüenza del cuerpo. No solo se trata del peso, también del tipo de cabello, del vello corporal, de las estrías, de la celulitis, del grosor y longitud las piernas, del color de ojos…todo lo que somos por naturaleza.

Desde que descubrí el concepto y el movimiento anti body shaming le hago cara cada vez que puedo tratando de no perpetuar con nadie los estereotipos.

Pero algo tengo claro y es que el principal crítico de nuestro cuerpo, casi siempre somos nosotros mismos, como resultado de años de mala educación, de ser influenciados por la sociedad y de prestar demasiada atención a comentarios de terceros que de igual forma fueron educados bajo la falsa creencia de que existe un único tipo de cuerpo ideal.

Y no, no creo que mi cuerpo esté en su mejor momento y tampoco les voy a decir que no hay cosas que quisiera cambiar, pero eso es algo que solo me preocupa cuando me compro ropa y que solo pienso cuando me comparo con otras mujeres. El resto del tiempo no cruza mi mente porque no quiero seguir sintiéndome mal conmigo misma.

Hace días estuve con Mario, mi fuck buddy actual, y me vi en el espejo de cuerpo entero que tiene en su cuarto. Durante un segundo, no me gustó lo que vi y me sentí mal, me sentí mal por verme de esa forma. Me critiqué y hasta me puse triste…

Pero, el siguiente pensamiento fue cuestionarme. Acabábamos de tener relaciones y todo había estado igual que siempre.

Porque pocas veces me siento tan sexy a cómo me siento cuando estoy cogiendo. Tiene que ver con sentirme deseada y con el poder que eso me da sobre el otro. Me gusta cómo me siento cuando cojo, me gusta cómo me veo cogiendo y me gusta gustarle al otro.

Justo en ese instante todo cambió.

Mientras me veía recordaba lo rico que la había pasado, también lo veía a él y detallaba nuestros cuerpos. Cuerpos distintos, cuerpos con años de diferencia, cuerpos de contextura diferente, con pieles y olores diversos, pero cuerpos que juntos hacen magia, cuerpos que no entienden de complejos cuando se unen y cuerpos que al final hacen mucho más que las palabras que los critican.

Porque no es cuento ni retahíla, cada uno de nosotros es especial porque es único y es.

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Not ganbang

Llegamos a su casa y nos besamos intensamente en el estacionamiento.

Subimos al apartamento y allí estaba Gabriel. Bello, más bello que en cualquiera de las fotos que había visto antes. Nos presentamos y me sirvió una copa.

Estábamos los tres viendo un concierto, conversando, comiendo snacks y bebiendo vino.

Era mi primera vez en casa de Luis, quien me llamó a su cuarto con una excusa muy mala. No había terminado de cruzar la puerta cuando me estaba tomando por la cintura, me levantó y me pegó contra la pared.

Nos besamos con muchísimas ganas, teníamos días imaginando este encuentro y por fin estábamos frente a frente.

Era obvio lo que iba a pasar.

Lo hicimos. Uno de los mejores polvos de mi vida y el pene más grande que he conocido.

Afuera estaba Gabriel, solo. Mientras Luis y yo descansábamos en la cama.

-Le gustas mucho a Gabriel

-¿Si?

-Nosotros estuvimos hablando…y…¿crees que él pueda venir?

-¿Cómo?

-¿Que si te gustaría estar con él también?

-Mmm…Oook…

Gabriel salió y entró su mejor amigo. Era precioso y estaba buenísimo.

Me dijo que le encantaba desde que me vio en fotos y que le excitaba mucho. También que ellos compartían todo, que eran amigos desde muy jóvenes y que sabían cómo pasarla muy bien.

Nos besamos, le quité la ropa, nos besamos más.

Jamás me imaginé que estaría en una situación así, pero lo estaba disfrutando.

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Ilustración de Nymphainna

Moría de ganas, pero Gabriel estaba muy alcoholizado y no logró que su pene se endureciera.

Yo, con muy poca paciencia, me levanté y me vestí.

Luis me llevó a casa, nos despedimos con un beso y más nunca volví a saber de ninguno de los dos.

Sororidad

Cuando estaba en Venezuela, después de que Miguel me dejó, estuve saliendo con alguien que vivía con su pareja (que no sabía de mi existencia, obvio) y cuando alguien muy querido murió, él fue la única persona a quien le conté y por ende fue él único que me acompañó durante el velorio. Pero, por supuesto, no estuvo conmigo todo el tiempo, tenía que ir a su casa…

Esa noche reflexioné mucho sobre el tema de las infidelidades y el amor propio. No me gustó que en un momento tan vulnerable e importante para mí alguien mega comprometido con otro fuera quien me apoyara.

Y no, no vengo hablarles sobre los millones de problemas emocionales que tengo, en realidad lo que pienso es ¿por qué ya no me acuesto con personas que están en relaciones monógamas?

Estuve días pensando si lo que les acabo de contar tienen algo que ver, porque parecía ser la respuesta más obvia. Pero al final todo decantó en la sororidad.

La sororidad es un concepto feminista, que promueve la unidad, hermandad y solidaridad entre mujeres.

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Ilustración de Araki Koman

Porque siempre se puede decidir.

Si una persona no es honesta con su pareja y un tercero decide involucrarse deliberadamente, la falta es de dos.

Me gusta pensar que la sororidad nos permitirá cambiar un millón de cosas que actualmente están mal. Una de ellas es vernos entre nosotras como competidoras y no como aliadas.

Y es así como desde hace mucho tiempo no atraigo a personas comprometidas.

No me interesa.

Este maldito verano

Un muy buen amigo me confesó que cuando tenía 24 años estaba obsesionado con el sexo y tuvo que ir a terapia. Según me contó todo fue producto de una depresión muy fuerte, pero “lo estaba volviendo loco”. Me describió varias anécdotas, pero recuerdo una especialmente: él estaba en el metro de Caracas, viendo a todas las mujeres que podía, las imaginaba cogiendo, de pronto comenzó a fijarse en como algunas de ellas estaban agarradas de los tubos de acero del metro, se imaginaba que cada uno de esos tubos era su pene…en ese punto asumió su problema.

Y a pesar de que en ese momento me sorprendió su relato, porque yo nunca había vivido algo así, años después me sentí varias veces de esa forma.

No creo que haya llegado al punto de estar obsesionada, pero durante esas temporadas en las que no estoy teniendo sexo me pasa algo muy parecido.

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Ilustración de Giulia Rosa

Todo comienza cerca del mes sin tener relaciones:  lo primero son los sueños eróticos, cada vez más frecuentes y raros, comienzo a sentir cosas en el cuerpo cuando estoy cerca de hombres que me parecen atractivos, después ya no sale de mi cabeza y paso todo el día pensando en sexo, en este punto ya comienzo a sentirme medio animal y todas las personas cercanas son posibles presas. Llego a un punto en el que de verdad estoy desesperada y le escribo a gente que nada que ver (normalmente nadie me sigue el juego y mi problema se intensifica) incluso comienzo a imaginarme que cojo en cualquier lugar; es decir: voy en el autobús, me fijo en los hombres, sus manos, sus penes, sus espaldas y comienzo a imaginarme que cogemos allí, frente a todos. Y finalmente cuando estoy en el punto más álgido me siento capaz de cogerme a quién sea, en serio a quién sea.

Eso me comenzó a pasar al salir de Venezuela, cuando ya no tenía amiguitxs ni novixs y aunque nunca llegué a hacer algo que me pueda causar arrepentimiento o vergüenza, sí odié cada una de las veces que pasó.

Hasta ahora no me he sentido así en México porque he tenido mejor suerte 😉 pero anoche una amiga que tiene un mes viviendo en Panamá me dijo que se siente exactamente igual…

Así que supongo que debe ser un síntoma común de quiénes emigramos solteros y de quienes tienen veranos largos (en Venezuela se le dice verano al tiempo que pasas sin tener relaciones).

Unos besos y una paja

En mi último trabajo en Venezuela conocí a Esteban: un muchacho como dos años menor que yo, todavía estaba estudiando, alto, moreno, muy inteligente, con dreadlocks y barba.

Como Esteban y yo estábamos solteros el resto de las personas en la oficina nos insistían en que debíamos salir y al final eso terminamos haciendo.

Coqueteamos mucho antes de salir por primera vez, nos reíamos y siempre dejábamos a los demás con la duda. Siempre es divertida esa primera etapa de una relación, cuando todo es flirteo y picardía.

Esteban era un joven raro para su edad, nunca había tomado alcohol, no fumaba cigarrillos ni marihuana. Me decía que “él no era como todos”, que para él hablar de “tirar” (como se dice “coger” en Venezuela) era de mal gusto. Yo le decía que no me jodiera, que no me hablara de “hacer el amor” y demás expresiones insoportables.

En otra de nuestras conversaciones, hablábamos de menstruación porque yo andaba en esos días y él me insistió en que nos viéramos. Todo bien, no tengo problemas en tener sexo mientras estoy menstruando, pero a Esteban le gustaban otras cosas…Le gustaba hacer el llamado “beso del payaso” que es dar sexo oral a una mujer menstruando. Y no lo he hecho, pero cada quien con sus gustos.

Él me describió su primera vez haciéndolo. Me contó sobre el espesor de la sangre, el sabor, la sensación y me dijo que cuando fue al baño a lavarse “le caían coágulos de sangre de la barba”.

Pasamos mucho tiempo sin concretar un encuentro hasta que finalmente sucedió: estábamos en su cuarto, nos besamos, me besó los senos y bajé para masturbarlo, terminó y todo el semen cayó en su abdomen, se limpió con una remera y se quedó en la cama para dormir. Yo me levanté, me duché y regresé a dormir con él.

Al día siguiente ambos teníamos cosas que hacer temprano. Él tenía que irse a la costa a reunirse con su familia y yo tenía guardia. Esteban se levantó, se cambió la ropa, se lavó los dientes y se fue. Así, sin nada más, sin una miserable ducha.

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Ilustración de Mario Carpe

Hasta ahí llegó lo nuestro. Yo no podía con el asco que me provocaba. Todo terminó mal, él lo tomó mal, trabajábamos juntos y nos veíamos diariamente y decidió que lo más lógico era ignorarme.

Siempre agradecí que solo fueron unos besos y una paja.

Diego: el mejor sexo oral de mi vida

En mi última entrada hablé sobre lo mucho que me gusta hacer sexo oral y comenté que yo fui de las muchas mujeres que no disfrutan recibirlo.

Aunque parezca increíble de creer tiene mucha lógica. Muchas personas no saben cómo hacerlo, perdón pero es así. Si bien, cada mujer es distinta, puedo asegurarles que hay cosas que nos gustan a casi todas.

La primera vez que tuve un orgasmo con sexo oral, que no fue uno sino tres, fue en Uruguay, o sea tenía 23 años, casi 10 años teniendo relaciones sexuales, y era la primera vez que realmente disfruté que me comieran.

Diego de 34, es un uruguayo con cara de uruguayo, delgado pero marcado, alto, muy blanco, con canas y pecas. Lo encontré en Tinder porque él y su amiga buscaban a otra chica para un trío. Lo conocí un domingo de otoño en la Plaza Independencia y aunque a primera vista no me encantó fue su actitud la que hizo todo el trabajo.

Ese día solo nos besamos en su auto, nos tocamos un poco, pero nada más allá. Me contó sobre su amiga, era alguien a quien se cogía de vez en cuando desde hace muchos años y con quien últimamente se estaba dedicando a hacer tríos mayormente. Ambos estaban recién separados y disfrutaban de su soltería.

Quedamos en vernos, solo nosotros, al día siguiente, pasó por mí a casa, fuimos a su apartamento en Pocitos, fumamos marihuana y tomamos vodka tonics. Conversamos mucho, resultó que los dos estamos obsesionados con Gustavo Cerati, y finalmente luego de besos y manos descontroladas fuimos a la habitación.

Me acostó, me abrió las piernas y comenzó a hacerlo. Y no es por exagerar pero desde el primer segundo supo exactamente qué hacer. Yo no entendía nada. Jamás me había sentido así. Me corrí una vez, temblaba, gemía, me corrí la segunda y ahí me confundí más, ¿dos orgasmos seguidos y con sexo oral? Cuando me vine por tercera vez, fue cuando me convencí…no era casualidad. Diego sabía que era bueno comiendo coños por eso fue lo primero que hizo.

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Ilustración de Chiara Ghigliazza

Felizmente Diego y yo nos veíamos bastante seguido mientras estuve en Montevideo y quedamos en que nos veríamos acá en CDMX.

A ella nunca la conocí, se metió en una relación y dejó de verse con él…

¡Un capo el Diego!

Oral

Siempre he pensado que si Freud me conociera, gozaría un montón conmigo y todas mis fijaciones y “problemitas” psicológicos. Realmente creo que tengo issues en todas las etapas que describió.

La principal es la oral y todo quien me conoce puede dar fe de esto. Todas mis lapiceras están mordidas, mastico mucho chicle, muerdo las “pajitas” (pitillos en Venezuela) y no puedo ver un plástico porque inmediatamente me lo meto en la boca…

Obviamente lo mismo me pasa con los penes y las vulvas. Soy una fiel practicante del sexo oral. Me encanta hacerlo.

Y por primera vez razono que esa es una de las diferencias entre el sexo con mujeres y hombres:

Con los hombres me mueve el amor al falo y la sensación de poder indescriptible. Es tener a quien te penetra (en el sentido más estricto de la palabra) de forma vulnerable, puedes controlarlo, puedes hacer que pida más, que gima, que se corra…todo con un mínimo esfuerzo.

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Ilustración de Ina Stanimirova

En cambio, con las mujeres me siento distinta. Aquí es un tema de “compañerismo” o de amor, pero no a la vulva, sino a la chica…Creo que está relacionado con eso de que hay muchas mujeres que no disfrutan recibir sexo oral (yo fui una). Entonces tengo un compromiso mayor, casi roza la sororidad jaja. Es hacerla que disfrute, mimarla, consentirla, justo como me gusta a mí.